a day in the life

Posted on 4:20 by Tres Libras | 0 comentarios

una gota moja mi mano reseca que cae desde el techo porque ya pasó la tormenta de viento y electricidad, y veo las nubes negras perderse en ese horizonte que no sabe ni quien soy. rodé por la colina pero al despertar seguía siendo el mismo, el lamentable mismo de antes, y nadie notó las marcas porque nadie mira directo bien directo a nadie; te sobrepasan con sus ojos, los ellos, y ven sólo sus cuestiones. así comprendí que no importa que tengas una media de cada color o no estés peinado para nada o tengas cara de desencajado. dejaron de preocuparme esas "cosas". mi planeta amenaza un derrumbe pero esto no es una película y acá no hay héroes ni final feliz, de derrumbarse, se derrumba y ya, y ¿el aura? ¿mi magia?... dónde irán a parar. mientras todo esto pasa sólo en mi cabeza, bien temprano en la mañana tres niños fuerzan una puerta y descargan su plomo sobre dos pobres viejos por unos miserables pesos (si, lo poco que juntaban debajo del colchón); suerte o no, ya habían muerto del susto segundos antes. en la otra punta, ella no sabe como decirle a él, solos bien solos en ese balcón fumando, que no será ya jamás lo mismo desde que pasó "lo de aquella vez", él lo siente, lo sabe, calla; lo mató el susto (como a los ancianos) antes: no hay impulso ni llantos a escondidas. debajo, las vecinas se cuentan historias maravillosas de sus años de mozas y bailan con las hojas, y su pelo quemado recién teñido de un color que no sabría decir si es rojo, flamea como una bandera luego de la guerra; sus maridos leen noticias, la misma de la nena asesinada mientras la TV habla de lo mismo, el Rivotril® les recorre las venas y los mantiene en paz en los últimos días y fichas del casino de su transitar, tratan de evadirse aunque ya también muertos de susto están, solo un dejo de mentira en talco comprimido redondo los socorre un cuarto, es como en el balcón: "quizá, mañana,...quizá...". Santiago prueba su "primera línea" y piensa que es un Dios, años más tarde golpeará a su mujer y lo perderá todo (incluso a su hijita de cuatro), un dios lleno de miedo, muriéndose de miedo y tentación, necesidad de más de esa primera que fue gloria, pero jamás igual las demás; de todas formas ya nada quedará de mí cuando eso ocurra. la gota acaba en la mano, pero cae otra, y del cielo, gigantescos pedazos del planeta, mío, que ya les conté, parece derrumbarse; el techo de yeso que forma dibujos y las paredes luminiscentes se me vienen encima, nada atino a hacer porque, y, aunque sé, puedo arreglarlo todo-todo, volvemos al "quizá": quizá así esté bien y es lo que deba de ser. las sucesiones, las cosas el tiempo; y en TODO el Miedo. si no dejara de escribir tal vez jamás me desvanecería en tu Alma, pero son anécdotas diarias de lo cotidiano y son las mismas las mismas de las que hablé ayer: letras-letras-letras, y ellos son todos, son tantos y no ven, mi Amor, no ven; no están educados para hacerlo, no van a ayudarnos, son máquinas que a lo simple avanzan por el orbe hasta un destino irreversible mientras se distraen con "materia tangible". ya no queda lugar para planetas en los que no existe la boca para decir ni los oídos para escuchar ni los ojos para percibir, ni moneda de cambio; y víctima de esta “involución natural” está en peligro de extinción un Sueño (la Realidad pesa más), no está en mis manos, nunca lo estuvo, nunca; siempre fue de la gravedad su existencia, de la inercia. pero los robos asesinatos desengaños las drogas legales e ilegales los golpes, siempre estarán; siempre alguien jugará a perder pensando que gana, siempre-siempre las agujas, y los árboles no dejarán de descartar hojas que barrer solo por distracción (el otoño siempre vuelve) y siempre la historia continúa aunque repetida. muere de Miedo mi planeta pero no la valentía de la estrella que lo ilumina, "...quizá, mañana, quizá..." aún sea testigo de todo y de alguna extraña forma siempre esté presente tras tus pasos que tanto anhelo. me abrazo a lo poco que queda, todo agitado por fuera en su diaria in-transgresión, en el tan repetido (por las letras) ‘susto’, me abrazo y cuento veinte. nunca dejé de girar por esa ladera. nadie lo notó, pero no hay lamentos ante algo que uno sabe, irreversible es-pasará: Un día más en que NO NOS VEN. No existe el día en que lo hagan. #3libras.




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