Dados Nocturnos

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Grita un cielo pero no se pregunta por qué,
como de su azul profundo cambia al rojo del amanecer.
Los afortunados se encuentran y escapan a la Luz de la aurora;
quedan pocos guerreros dignos individuales y sin lanzas en el pecho.
La imagen quieta duerme en ladrillos encima de un cráneo que no supo olvidar;
¿cómo del futuro ha de ser digno sin construir nuevos castillos?
Y el dragón sediento que espera mudo en la colina,
allá donde los sueños se suicidan de tanto en tanto contarse a sí mismos.
¿Qué nos depara la noche? -se cuestionan los cuervos
a sabiendas de conocerla perfectamente;
Ella es de sus hijos y Ellos son sus criaturas terribles y puras,
el silencio no corrompe su teatro de sombras de espantos a los plebes diurnos.
¿Qué del sol sin sus contrastes qué de la blanca mortaja sin un huésped?
Se vacían las salas, las calles, los pasillos del laberinto, los cuerpos.
Alguien se desnuda en la pluma de un loco en la lujuria de sus ojos,
y nadie puede creer que se fue quedando solo y triste el universo;
se expande su vacío sin limites porque quiere morir con honor,
empuja los días en su carnal deseo de sirenas perdidas por las costas;
es muy grande para amar, es muy pequeño su añoro que nadie considera.

Todo esto en el hueco del iris de un niño que no se sabe adulto,
aunque nunca pudo ser del pasto del juego de madres y pureza;
es de lo que el viento lleva, de lo que pocos conservan observan;
nunca fue domesticado, ¿cuánto queda en él de hilos para remontar?
Como el cielo no se pregunta el porqué'.
No es afortunado.
Como la imagen está quieto.
Sufre la sed del dragón y muere con los sueños en la colina.
Es una criatura pura de la noche, es el espanto del ser diurno,
el contraste del sol, el cuerpo bajo la mortaja,
la soledad de los refugios y el universo, la pluma degenerada del loco.
Muy grande para amar, muy pequeño para añorar.

Es tan Real...

En Mí,
que Soy.



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