"T.E.P.T"

Posted on 14:34 by Tres Libras | 0 comentarios

Yo lloro debajo de mi nombre.
Yo agito pañuelos en la noche
y barcos sedientos de realidad
bailan conmigo.
Yo oculto clavos
para escarnecer a mis sueños enfermos.

Alejandra Pizarnik



“Esconderlo hasta el punto de no encontrarlo más...” Esa era la premisa, esa era la orden que su cerebro le repetía mientras seguía cavando, tenía que sacarse de encima el objeto de su dolor, pero: ¿Cómo esconder algo tan importante y luego olvidarse el donde? “Eso” (Así solía él llamarlo...) gritaba su nombre con una fuerza tal, que atravesaba los muros y las distancias. Un simple pozo en la tierra no ayudaría...

La idea cruzo su cabeza y ésta dejo de parecerle tan descabellada a medida que la pala se hundía una y otra vez (“ningún dolor es peor q este...” pensaba). Entonces fue cuando recordó un articulo que había leído sobre algo llamado “T. E. P. T (Trastorno por estrés postraumático)” una patología mental que sufren las personas expuestas a un acto violento, uno de los síntomas que podía presentar fue el que más lo esperanzo, se denominaba “Evasión” y consistía en que el enfermo no podía recordar hechos significativos del momento en que se produjo el trauma. En su locura, se sintió feliz porque ahora, su memoria, la que no lo dejaba tranquilo, le era útil para algo...

Una vez terminada su tarea, la primera de sus tareas, con un suspiro producto de la valentía que requería la acción, después de todo, se desprendía de algo que era muy suyo, dejó caer el objeto hacia las profundidades del abismo que él con su pala había creado y mientras este caía, vio parte de su espíritu precipitarse también
en la oscuridad...

Ahora solo le restaba olvidar aquel lugar infernal, el lugar que contenía la semilla de todo su martirio, busco focalizarse en el rencor para tener el impulso necesario, el siguiente paso iba a ser el más complicado. Tomó con fuerza la pala, la apunto a su cabeza y se dio un golpe tímido y poco efectivo, era de suponerse que la primera incursión no serviría.

Sin trauma aún, pero dolorido en su autoestima (Ya no se creía capaz de hacer nada bien...), sintió que algo se reía desde el pozo y se dio un segundo impacto mucho mas fuerte que el primero, la parte izquierda de su cuerpo perdió fuerza y sus oídos comenzaron a zumbar, sonrió por lo bajo y se alegró de ser diestro y poder seguir sosteniendo la pala...

Perdido en la inconsciencia, recordó momentos del pasado, momentos felices, vida cotidiana, una etapa de conexión con el mundo y las personas que solo aumentó su pena, tan lejos estaba ya de ese punto, del amor, del alivio, de él, en medio de su viaje sin retorno, todo, lo bueno y lo malo, parecía despedirse. Como atravesado por un rayo volvió en sí, con las pocas fuerzas que le quedaban se puso de rodillas, miro fijo el hueco en la tierra y balbuceó: “No me dejas más opción que odiarte...”, luego, se dispuso a terminar con lo que había empezado...
De los siguientes intentos, pocos dieron en el blanco, el mareo, la sangre que hacia patinar la pala y su parálisis, lo limitaban. Lloró con desesperación rogando poder terminar con eso de una vez (“Dio tanto, tanto, que ya le parecía suficiente...”) y luego de fallar varios disparos más, al fin lo logró, atinó perfectamente en su sien, sintió que la razón lo dejaba y sobrevino el desmayo, segundos antes, el alivio...

Fue encontrado desvanecido en un baldío por unos niños y llevado al hospital más cercano, padecía trauma cerebral grave con pérdida de masa encefálica. Nadie pudo explicar su recuperación, le habían diagnosticado un coma profundo e irreversible, por eso un residente en su ronda diaria se sorprendió al verlo abrir los ojos una mañana de abril meses después del suceso. Las únicas secuelas fueron físicas, el electroencefalograma mostraba actividades cognitivas normales. Se supuso que se trataba de una persona que había estado expuesta a una situación traumatizante y sufría algún tipo de trastorno por estrés, de ahí su decisión de intentar quitarse la vida de una manera tan violenta. Por eso, una vez estable y fuera de peligro fue derivado a un hospital mental. No pudieron hallar familiares ni conocidos, nada se pudo averiguar de él, solo lo que se encontró junto a su cuerpo: Una pala y una carta a medio enterrar dedicada a un tal Santiago, sin apellidos ni más descripciones. Nadie quiso leerla en su totalidad, tal vez por respeto o desinterés y decidieron dejarla dentro de un cajón en su habitación, un cajón lejano a sus posibilidades (solo podía mover su cabeza y decir algunas palabras sin sentido...). Hoy, según informes de auxiliares del nosocomio, se reusa a tomar los medicamentos y a cualquier intento de rehabilitación para mejorar su calidad de vida, sigue sentado día tras día mirando pensativo la cajonera junto a su cama, como si algo lo atormentara, como si hubiera dejado alguna cosa a medio concluir. Al pie de la nota encontrada, descansando sobre una firma, (Según cuentan las enfermeras del hospital) se podía leer la frase:
-“A veces no alcanza...”
-.



3libras




"Remolinos: Construcción simple con una escalera caracol y un cerebro" por 3libras

0 comentarios: